Caligrafía y el arte de la bella escritura

La caligrafía, el arte de la bella escritura, es tan antigua como la propia historia de la escritura. Hasta hoy sigue gozando de una enorme popularidad. Y aunque la escritura a mano ha ido quedando cada vez más relegada y primero fue desplazada por la imprenta y ahora también por la escritura en ordenador y smartphone, una letra hermosa sigue considerándose un signo de educación y cultura.

Sin embargo, limitar la caligrafía únicamente a una letra bonita sería quedarse corto. Detrás del arte de escribir bellamente a mano se oculta mucho más: una forma artística, una manera de ornamentar y embellecer textos.

En esta entrada del blog queremos explicar qué es la caligrafía, cómo pueden aprenderla los principiantes y en qué reside el atractivo de la caligrafía para todas aquellas personas que la han elegido como afición. Echaremos un vistazo al alfabeto moderno de caligrafía y daremos consejos sobre qué plumas y bolígrafos son adecuados para la caligrafía.

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¿Qué es la caligrafía? Una breve mirada a la historia de la escritura

Comencemos, por tanto, con una breve mirada a la historia, que nos permitirá comprender qué es la caligrafía y de dónde procede.

En efecto, la caligrafía —la palabra procede, por cierto, del griego “kállos”, que significa “belleza”— es un arte extraordinariamente antiguo, en el que tradicionalmente se escribe con pluma de ave, pincel u otras herramientas de escritura, y en la época moderna, por ejemplo, con plumas estilográficas. Ya desde la Antigüedad se conservan documentos en jeroglíficos que cuentan con varios miles de años de antigüedad. Con la invención del papiro y de la escritura con plumas, los rollos escritos pudieron elaborarse con relativa rapidez y aumentó la necesidad de escribas que no solo dominaran el arte de leer y escribir, sino que además supieran hacerlo de manera bella y artística.

En el cristianismo, la caligrafía adquirió después una importancia incalculable. En los monasterios se realizaban copias de la Biblia y en la Edad Media surgieron los llamados escritorios monásticos. Así, en el scriptorium del monasterio de Wiblingen se crearon magníficos manuscritos, algunos de los cuales se conservan hasta nuestros días. También en muchos otros monasterios alemanes los monjes se entregaron al arte de la bella escritura.

Mucho más que una simple letra manuscrita: la caligrafía como arte de la bella escritura

Cuando hoy pensamos en una letra bonita, por lo general se despiertan recuerdos: de primero de colegio, cuando aprendimos a escribir a mano. En un sentido muy amplio, eso puede compararse con la caligrafía. Pero en realidad solo aprendemos a escribir de forma legible; el aspecto artístico queda completamente desatendido.

Y, sin embargo, es precisamente este aspecto el que destaca especialmente en una definición de caligrafía. Puede describirse como arte de la escritura, arte de la bella escritura o arte caligráfico. En esencia, la caligrafía no se ocupa únicamente del acto de escribir, sino también de trazar determinadas formas, de utilizar recursos de diseño y de incorporar ornamentos. En documentos antiguos esto se aprecia sobre todo en los títulos de obras y capítulos, cuyas letras se decoraban de manera extraordinariamente rica y llegaban a parecer auténticas imágenes. Además, el carácter visual de la caligrafía se manifiesta aún más intensamente en las escrituras islámicas y judías que en el cristianismo y en Europa, donde no existía una prohibición de imágenes. En el islam y el judaísmo, por tanto, la escritura asumía una función estética todavía más marcada.

Aprender caligrafía: Internet ofrece todo lo necesario

Quien hoy se dedica a la caligrafía no tiene, naturalmente, como objetivo principal copiar la Biblia. La caligrafía moderna es una afición comparable, por ejemplo, a pintar acuarelas u óleos. Así, cualquiera puede aprender caligrafía. Y, paradójicamente, es precisamente Internet, con su escritura automatizada, quien ofrece guías del tipo “caligrafía para principiantes”.

Desde instrucciones y vídeos para aprender por cuenta propia hasta cursos ya estructurados, hoy puede encontrarse todo lo que necesita quien desee aprender caligrafía. Materiales como papel pautado para caligrafía y plumillas para escribir pueden pedirse sin dificultad. Y lo mejor es que el arte de la bella escritura puede cultivarse perfectamente en casa y de forma autónoma.

Ahora bien, con la caligrafía sucede como con cualquier otra de las bellas artes: hace falta o bien mucho talento o bien una enorme dosis de trabajo constante para llegar a dominarla de verdad.

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Tan numerosas como la arena del mar: hay miles de tipografías caligráficas

Todo empieza por el hecho de que no existe una única escritura. Igual que en el ordenador podemos elegir entre innumerables tipografías, también en caligrafía se escoge para cada documento una forma de letra concreta, es decir, un estilo de escritura determinado. Para ofrecer una pequeña idea de lo diferentes que pueden ser las escrituras caligráficas: los expertos en diseño de Canva ofrecen 23 tipografías caligráficas gratuitas, lo que no es más que una mínima parte de los miles de estilos que existen realmente en el moderno alfabeto de caligrafía.

La página Farbcafé ofrece en su artículo “Kalligraphie lernen leicht gemacht“ una guía extraordinariamente detallada sobre cómo cualquiera puede ir apropiándose poco a poco de los matices de la caligrafía. La oferta incluye, por ejemplo, plantillas de escritura disponibles para descargar y comparables al papel pautado con el que los niños aprenden a escribir en los primeros cursos escolares.

Como en primero de primaria: primero hay que aprender (de nuevo) la escritura a mano

Y, al igual que los más pequeños cuando aprenden a leer y escribir en la escuela, también quienes siguen un curso de caligrafía avanzan de ese modo: todo comienza con una escritura cuidada y sencilla, como en los primeros años de colegio. Pues, debido al ordenador y al teclado, en muchos de nosotros la muñeca se ha vuelto casi rígida y ya no somos capaces de mantener una escritura limpia y ordenada.

Una vez interiorizada de nuevo esa caligrafía escolar básica, las hojas de ejercicios ayudan a empezar con los primeros estilos caligráficos. Los expertos recomiendan con total claridad tener paciencia: igual que antaño los escribas de los monasterios eran escasos y se requerían años de práctica antes de poder acometer grandes proyectos como la copia de testamentos, también hoy la práctica sigue siendo la clave de la maestría. Y eso significa que, en ocasiones, hay que escribir y perfeccionar una misma letra una y otra vez.

Portaplumas, rollerball y más: el instrumento adecuado para cada persona

El camino hacia la primera tarjeta caligráfica diseñada por usted mismo o hacia el primer diploma es largo. Aun así: con el material adecuado, mucha práctica y una buena dosis de motivación, es posible lograr letras sencillas en muy poco tiempo.

Y entonces también surge la cuestión de la punta adecuada. Mientras que para escribir un portaplumas de alta calidad como nuestra pluma estilográfica Hörner Terra es una primera opción, para las caligrafías más orientadas al diseño también existen puntas especiales en tiendas especializadas. No obstante, las plumas de ave, como las que conocemos de épocas pasadas, apenas se utilizan ya para ello. En su lugar, el acero es hoy el material de referencia para las plumillas, aunque muchos escritores y artistas de la escritura también emplean con gusto otros instrumentos como los rollerball.

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¿Y por qué la caligrafía?

Al final queda, en realidad, una sola pregunta: ¿por qué la caligrafía vive hoy, en una época en la que podemos recurrir en el ordenador a innumerables tipografías y contamos con una selección casi infinita de plantillas y recursos de diseño para documentos, un renacimiento tan importante? ¿Por qué nos tomamos la molestia de plasmar a mano, con trabajo minucioso, algo sobre el papel que un software y una impresora podrían producir en una fracción del tiempo?

En realidad, porque la caligrafía tiene la capacidad de arrancarnos de nuestro agitado día a día y llevarnos a otro tiempo, más sereno. Igual que antaño en los scriptoria de los monasterios, donde reinaba una calma laboriosa, la caligrafía también ayuda hoy a quienes escriben a olvidar el estrés que les rodea y entrar en una suerte de concentración meditativa. Del mismo modo que para algunas personas lo es la música y para otras la pintura, la caligrafía es para todos aquellos a quienes les gusta escribir a mano un medio para desconectar de la vida cotidiana y sumergirse en un mundo completamente distinto: el de la bella escritura, tal como la entendían los eruditos medievales.